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Newsom tiene la última palabra: la ley que prohibiría usar dispositivos explosivos en operativos del ICE en California

El proyecto de ley SB 937 llegó al despacho del gobernador Gavin Newsom después de ser aprobado por ambas cámaras de la Legislatura de California. Este proyecto busca establecer límites para el uso policial de granadas de estruendo y cargas explosivas de penetración en operativos migratorios.
Qué cambiaría con la ley SB 937 de California
El proyecto impide utilizar granadas de estruendo como mecanismo para dispersar manifestaciones, protestas o reuniones de personas, salvo que se cumplan condiciones determinadas.
Antes de recurrir a estos dispositivos, los agentes deberán intentar técnicas de desescalada u otras alternativas al uso de la fuerza.

También se exigirían advertencias audibles y repetidas, en varios idiomas cuando corresponda, junto con un plazo razonable para que las personas puedan retirarse. En caso de que exista una amenaza que justifique el uso del dispositivo, este deberá dirigirse hacia quienes estén involucrados en actos violentos y no utilizarse de manera indiscriminada.
La iniciativa además establece límites sobre las partes del cuerpo que pueden ser alcanzadas: las granadas no podrán dirigirse contra la cabeza, el cuello u otros órganos vitales. Tampoco podrán utilizarse únicamente debido a una infracción del toque de queda, amenazas verbales o la negativa a cumplir una orden policial.
SB 937: las restricciones para operativos migratorios que debe firmar Newsom
La SB 937 prohíbe que cualquier agencia del orden público utilice granadas de estruendo para fines de aplicación de las leyes migratorias. Esta restricción se aplica de forma general a las agencias estatales y locales, así como a las agencias federales.
El proyecto de ley de California identifica como granadas de estruendo a aquellos artefactos explosivos o pirotécnicos menos letales que producen luz intensa y ruido para generar una distracción temporal. Entre los dispositivos comprendidos aparecen:
- Blast balls
- Sting balls o granadas stinger
- Granadas de concusión
- Granadas aturdidoras
- Dispositivos de distracción por ruido y destello

La medida también contempla la protección de personas que no participan directamente en los hechos, por lo que los agentes deberán reducir el impacto sobre transeúntes, periodistas y personal médico. Además, tendrán que procurar asistencia médica de manera oportuna cuando se produzcan lesiones.
Cargas explosivas de penetración: qué son y qué dice la ley de California
La propuesta establece una regulación independiente para las llamadas cargas explosivas de penetración. Estos dispositivos son menos letales y están destinados a abrir por la fuerza accesos cerrados o bloqueados, como puertas, ventanas, cerraduras, bisagras o partes de los marcos.
La definición incluye elementos como cordones detonantes, explosivos en lámina, cargas moldeadas o huecas, cápsulas detonantes y detonadores. La SB 937 impediría que policías y otros agentes del orden las utilicen para ejecutar leyes migratorias.
La obligación de informar sobre cada operativo de la SB 937 de California
Otro apartado del proyecto indica que las agencias policiales tendrían que publicar en sus sitios web un informe sobre cada incidente en el que se hayan utilizado granadas de estruendo, proyectiles de energía cinética o agentes químicos durante acciones de control de multitudes.
El plazo general para publicar el reporte sería de 60 días desde el incidente. Podría ampliarse por otros 30 días cuando exista una causa justificada, pero el período total no podría superar los 90 días.
El informe debería incluir datos sobre el tamaño aproximado de la concentración, la cantidad de agentes presentes, el tipo y número de dispositivos usados, las lesiones registradas y las razones que llevaron a utilizarlos. También tendría que describir las estrategias de desescalada y las medidas aplicadas antes de recurrir a la fuerza.
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El boxeador argentino Rodrigo Ruíz fue retirado en camilla tras recibir un fuerte golpe en la mandíbula

El mexicano Ángel Talavera Carrillo derrotó por nocaut técnico en el quinto round al tucumano Rodrigo Ruíz en el Polideportivo José María Gatica, donde disputaron los títulos latinos vacantes de peso pluma de la OMB y la FIB. Sin embargo, el ganador no pudo llevarse los cinturones porque no había cumplido con el peso pactado durante el pesaje.
La pelea, programada a diez asaltos, había comenzado de manera favorable para el argentino, que consiguió derribar a su rival en el primer round. Talavera Carrillo logró recuperarse de la caída y, alentado por las indicaciones de su rincón, comenzó a avanzar con mayor decisión, según indicó Boxeo de primera (TyC Sports). Ruíz, por su parte, buscaba encontrar espacios para conectar sus golpes.
La definición llegó en el quinto capítulo. El tucumano lanzó una izquierda dirigida al rostro del mexicano, pero Talavera Carrillo esquivó el ataque y respondió de inmediato. Con la cara de su adversario descubierta, conectó un potente golpe de izquierda que mandó directamente a la lona.

Luego del golpe, el mexicano se alejó y comenzó a festejar, convencido de que había conseguido la victoria. Ruíz recibió atención inmediata y logró recuperarse, aunque no pudo continuar en combate, por lo que se decretó el triunfo por nocaut técnico de Talavera Carrillo.

Antes de esta pelea, Ruíz había subido al ring por última vez en abril, cuando viajó a Australia para enfrentar a Sam Goodman y cayó por puntos en una eliminatoria mundialista. Talavera Carrillo, por su parte, sumó su tercera presentación del año. Además, fue su segundo combate en suelo argentino: en mayo había sido derrotado por nocaut por el uruguayo Javier Cardozo.
La dura derrota de Alan Chaves
El nocaut sufrido por Ruíz se produjo apenas ocho días después de otra contundente derrota para un representante del boxeo argentino, según informó LA NACION. El bonaerense Alan Chaves perdió por decisión unánime ante el dominicano Eridson García en el Prudential Center de Newark, Nueva Jersey, después de caer cuatro veces a lo largo de los diez rounds.
Pese a las caídas, Chaves consiguió mantenerse en combate hasta la campana final, por lo que no perdió por nocaut. El primer derribo ocurrió en el segundo round y, desde entonces, el argentino no logró revertir el desarrollo de la pelea. García dominó nueve de los diez asaltos y estuvo cerca de terminar el enfrentamiento antes del límite en más de una oportunidad.
La superioridad del dominicano quedó reflejada en las tarjetas: dos jueces le otorgaron la victoria por 99-88 y el restante puntuó 99-87. El resultado puso fin al invicto de Chaves, de 25 años, que acumulaba 22 triunfos como profesional, 19 de ellos por nocaut.
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El impacto laboral de la IA. La revolución más profunda golpea a las puertas de la Argentina

De todas las áreas impactadas por la rápida evolución de la Inteligencia Artificial (IA) una de las que más se ha estudiado es la relacionada con sus efectos sobre el mundo del trabajo. Sin embargo, pese al volumen de informes acumulados, también es de las más inciertas, porque es muy difícil determinar los alcances de un proceso que está en progreso y que, además, no solo afecta la tarea laboral en sí, sino que también influye indirectamente al modificar los modos de producción, de distribución y de consumo. Por primera vez los expertos corren detrás de las evidencias porque la velocidad de propagación supera la posibilidad de análisis. Y peor aún, los creadores de la IA dan señales de que la criatura se les escapa de las manos y que no pueden controlar sus efectos. La gobernanza y la seguridad se volvieron prioridades absolutas.
En este contexto vertiginoso, lo único seguro es que la IA tiene un efecto arrollador también en el mundo laboral, y que se acelerará en el corto plazo. Para los tecno-optimistas en términos de potenciar la productividad; para los tecno-pesimistas, como vector de reemplazo de las tareas humanas. Para unos, se trata de una oportunidad; para otros, de una amenaza. En el medio, los escépticos y los expectantes.

La otra certeza es que esta revolución tiene un impacto disímil en los distintos países, dependiendo de su mercado laboral, su desarrollo tecnológico y el nivel de su educación y su capacitación. Si bien el proceso es inevitablemente global, tiene una permeabilidad diferente que requiere de enfoques particulares.
En el caso de la Argentina, quizá con algún retraso, el análisis escaló con mayor intensidad en los últimos tiempos, a partir de los primeros efectos tangibles en el mundo del trabajo. En el universo sindical hay una preocupación palpable porque esta problemática se suma a las urgencias derivadas de la pérdida de puestos laborales por la falta de reactivación económica.

La CGT, que viene estudiando el tema desde hace un tiempo, tuvo una reunión hace algunas semanas en la que le presentaron un informe elaborado por el Consejo Económico y Social de la ciudad de Buenos Aires. Allí se desglosó el nivel de exposición a la IA que tendrá cada una de las actividades más habituales en el radio porteño, y el resultado es considerable. El promedio está en línea con otros países, pero hay rubros potencialmente muy afectados, como la administración pública, las finanzas, los servicios profesionales y el comercio, todos mano de obra intensiva. Al mismo tiempo hay otros que lucen menos amenazados, como entretenimiento, construcción y servicio doméstico. En esa reunión, donde estuvo el triunvirato de conducción y algunos de los principales referentes sindicales, se respiró la inquietud gremial por este nuevo frente de turbulencia.

En la vereda empresarial también se están moviendo en busca de orientación y de una hoja de ruta. La Unión Industrial Argentina (UIA) elaboró junto con Accenture un estudio de diagnóstico que tituló Reinventarse con Inteligencia, en el que se señala que la IA podría elevar la productividad laboral en 1,2 puntos por año y transformar hasta el 38% del tiempo de trabajo en las fábricas.
Pero también subraya que la Argentina captó solo el 2% de la inversión vinculada a la IA en América latina, y advierte que “en términos de adopción empresaria el rezago es aún más evidente” porque “solo una de cada tres empresas industriales invierte en IA” (9% invierte regularmente, 23% lo hace en pruebas piloto y 68% no invierte todavía). Los datos hacen juego con el último trabajo de Visual Capitalist, en base a información de Microsoft, según el cual la Argentina tiene un rango de adopción de IA en línea con la región pero lejos de los países más avanzados.

En las filiales industriales del interior del país la atención a este terremoto tecnológico queda eclipsado muchas veces por la inquietud ante la falta de reactivación y la caída del consumo. “Cada empresa, cada sector aplica la IA como puede, todo bastante anárquico. Sabemos que va a haber un impacto laboral importante, pero no podemos cuantificarlo”, resume un empresario de relieve. El cuadro es mucho más complejo entre las compañías tecnológicas, algunas de las cuales tuvieron que hacer despidos amplios. También hay bancos y firmas financieras que tomaron medidas.
El gobierno nacional se ubica dentro de la mirada tecno-optimista, al considerar que “las ocupaciones que más crecen en la Argentina son, en promedio, las más expuestas a la IA. Esto confirma nuestra visión: la IA no reemplaza puestos, los complementa y transforma su contenido”. Por ahora se ha limitado a actualizar su oferta de capacitación del Portal Empleo y a tecnificar procedimientos estatales, pero no ha avanzado en la instrumentación de políticas públicas específicas.
El último informe del Ministerio de Trabajo sobre el tema es de mediados de 2023, cuando se concluyó que “el 54% del empleo formal en el sector privado, equivalente a aproximadamente 3,01 millones de empleos, se encuentra en ocupaciones donde al menos la mitad de sus tareas podrían ser ejecutadas por IA generativa”. Pero después el diagnóstico no se actualizó.

Si bien la gestión de Javier Milei es la más permeable a las innovaciones tecnológicas, a través de proyectos como la de empresas no humanas o el RIGI II, no parece igualmente activa en términos de coordinar acciones concretas con los sectores productivos, educativos y de salud. Su orientación apunta a la desregulación económica del sector tecnológico y a la atracción de inversiones. Prima la lógica general de que la reconversión es responsabilidad de los privados.
“En la Argentina se están solapando muchos cambios. Algunos que son derivados del ciclo económico, y otros que son más estructurales. Entonces es más difícil evaluar el impacto real de la IA”, señala Tomás Castagnino, economista jefe y director ejecutivo de Accenture Research y autor del informe junto a la UIA. La ilusión es que la aceleración tecnológica potencie la productividad y estimule la reactivación. Sería la dinámica virtuosa. El riesgo es que la coyuntura económica dilate un abordaje proactivo del cambio tecnológico, y la Argentina quede otra vez rezagada en las dinámicas globales. El fatídico círculo vicioso.
Promptear el futuro
Detrás de la gran dispersión de los estudios académicos e institucionales, hay algunas coincidencias preliminares al evaluar los primeros impactos globales de la IA. Uno de los ejes más abordados es el que analiza los rubros laborales más y menos expuestos. Y lo curioso es que se ha producido un cambio en los últimos tiempos en este abordaje. Hasta hace algunos años se pensaba que los trabajos que quedarían más afectados por la evolución tecnológica serían los que requieren menos capacitación, y por eso estudios como los del Banco Mundial hacían advertencias a los países subdesarrollados. Pero la tendencia cambió cuando la IA empezó a desplegar su potencial.

Primero se pasó a un esquema en forma de U, donde los trabajos de mayor calificación como los gerenciales, y los de menor calificación, como los de cuidados personales u oficios, estarían más resguardados; y todas las tareas intermedias, como las de un administrativo o un programador, serían severamente impactadas. Ahora se pasó a una planteo de plano inclinado, porque la evolución de la IA generativa también empezó a desarrollar capacidades propias de los roles jerárquicos.
En el fondo parece haber una diferenciación entre las tareas físicas, propias del mundo offline, el de los átomos, que por ahora no requieren nuevas habilidades; y el mundo online, el cognitivo relacionado con la virtualidad de los bytes, que demanda una adaptación veloz. Las primeras parecen más resguardadas hoy, pero las segundas tienen mayor potencial si logran una mayor complementariedad con las nuevas tecnologías. De un lado están los plomeros y las enfermeras; del otro, los directores de finanzas y los gerentes de compras. En el medio están los que se llevan la peor parte, que según el informe de Anthropic de marzo pasado titulado “Impacto en el mercado laboral de la IA”, lo encabezan los programadores, los servicios de atención al cliente y los data entry (todas malas noticias para países como India).

El segundo eje de evaluación es el etario, y allí parece haber coincidencia en que si bien la tendencia natural lleva a pensar que los jóvenes llevan una ventaja en términos de adopción de la IA, los estudios demuestran que también pueden enfrentar mayores dificultades para su primera inserción laboral. Esto es consecuencia de que muchas de las tareas habitualmente básicas que desarrolla un principiante son las que las empresas más rápido tienden a reemplazar por los nuevos desarrollos tecnológicos.
El informe de Anthropic dice que “los trabajadores en las profesiones más expuestas es más probable que sean de adultos, mujeres, con mayor educación y mejores pagos”, pero al mismo tiempo advierte que han encontrado “evidencia de que la contratación de trabajadores jóvenes se volvió más lenta en ocupaciones expuestas”.
Bruno Muñoz retoma este punto en un artículo publicado por Cippec y remarca la disonancia entre el mercado laboral y la demanda de carreras universitarias en la Argentina, donde algunas de las más requeridas, como informática, economía y administración, figuran entre las más expuestas a la IA. La adaptación de la currícula y de los modelos educativos a esta nueva realidad emerge como la urgencia más acuciante.

Y la tercera trayectoria que parece arrojar confluencia entre los estudios es que el ingreso laboral general va a caer en el futuro, porque su intervención en los procesos productivos se reducirá y habrá menos horas de trabajo remuneradas. De allí la discusión que ya se empezó a dar en torno de cómo reemplazar el volumen de salario que se perderá. Si el mundo de las próximas décadas tendrá mayor productividad, pero con trabajadores menos atareados y menos remunerados, ¿quién pagará por los bienes y servicios? De ese análisis parte la idea de contar con un ingreso universal garantizado que figuras como Elon Musk y Sam Altman empiezan a proponer. Sería el ingreso a una era del post-empleo, difícil de imaginar.
Precarización, “toderos” y conurbano
Dentro de este contexto general, la Argentina exhibe particularidades que por un lado pueden amortiguar el impacto social de la IA, pero que al mismo tiempo pueden demorar la transformación y desfasar su potencial de las dinámicas globales.
“Los primeros que reemplazarán trabajadores por la IA serán las empresas privadas formales, y esos trabajadores desplazados irán a alimentar ese buffer que son el universo de los informales y eventuales. Es decir, que habrá más precarización”, describe Eduardo Levy Yeyati, uno de los economistas que más estudió el fenómeno.
En este recorrido, la informalidad y el cuentapropismo aparecen como morigeradores del desempleo, naturalmente limitados. La otra característica local que señala Levy Yeyati apunta a la gran cantidad de pymes chicas, que “son más lentas en adoptar la IA y que ante el desafío van a ajustar costos por otro lado o se van a informalizar defensivamente, lo que también suma a la precarización laboral”. La expectativa es que por estos factores, la adopción de la IA sea algo más gradual en el país, aunque igualmente impactante.
Ramiro Albrieu, economista y líder de Iniciativa Sur Futuro, agrega una dimensión complementaria, dada las particularidades laborales de la Argentina. “En los países de ingresos medio y bajo, los trabajadores absorben como parte del día a día tareas periféricas a la ocupación básica (gestión, administración, atención a clientes). Esas mismas tareas en los países ricos se tercerizan a segmentos especializados. Ese rasgo hizo que acuñáramos el término ‘toderos’, los que hacen de todo. En la Argentina representan entre el 50% y el 60% de los trabajadores. En nuestro esquema laboral no es una anomalía, es un rasgo estructural. Y en esas tareas periféricas es donde la tasa de reemplazo de la IA es mayor”. Bajo esta óptica, la típica capacidad argentina de darse maña con todo por falta de recursos, puede terminar siendo un déficit.
El otro rasgo que tiene una implicancia especial en la Argentina es que la IA transforma en modo más acentuado los trabajos que se desarrollan en los centros urbanos, muy especialmente en el segmento servicios, aunque también en ciertos sectores industriales. “En el corredor andino se está usando mucha IA, lo mismo que en algunos sectores productivos que son competitivos. El problema es el trabajador del conurbano, donde hay servicios de baja calificación por fuera de la gran fábrica”, advierte Albrieu (quien junto con el gobierno porteño está haciendo un estudio inédito en la Villa 31 sobre impacto de la IA en ese entorno).
Y el dato es inquietante porque al mismo tiempo es esa periferia la más castigada por la reconversión económica que promueve el Gobierno, en comparación con la zona andina o la patagónica, que son las más beneficiadas. Por volumen, el conurbano bonaerense puede ser el más impactado también en este sentido.

La Argentina tiene una nueva oportunidad para potenciar su participación en el nuevo ecosistema global. No puede aspirar a ser una proveedora de modelos de desarrollo como Estados Unidos o China, ni productora de microchips a escala como Taiwán. Pero sí puede encontrar un camino que le permita agilizar la adaptación de la IA a su realidad laboral para que se transforme en vector de potenciación productiva. La imagen del presente todavía la muestra invertebrada frente al desafío mayúsculo de estos tiempos.
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